Yo podría haber ido en ese tren
Viajo en tren. Mucho. Subo; bajo; entro; salgo. Y espero. Y espero. Sobre todo, espero. Y espero tiempo (a que llegue el tren en hora, que nunca pasa), pero lo que sobre todo espero es llegar a mi destino. Ir, llegar, volver. Llego en coche. Entro en la estación. Entre espera y espera (cada día más largas) me siento. Me levanto. Piso al andén. Entro al tren. Y llego a mi destino. Dice María Elizalde que la vida es muy bonita mientras está, y es muy difícil acordarse de que no siempre va a estar. Llevo días pensando en esto porque la verdad es que para todos han sido días duros. Días de enfadarse, días de buscar explicaciones que seguramente no existen, de pensar lo injusto que es que hay vidas que se acaben cuando todavía les quedan tantas cosas que hacer por primera vez, tantos sitios a los que ir, tantas personas por conocer, tantos miércoles cualquiera… Y pienso también en lo curioso que es que vivamos como si supiéramos cuánto nos queda; porque dejamos llamadas para mañan...