El verano que dejamos
El verano siempre nos retrotrae a la infancia de cada uno; siempre. Y siempre tendemos a idealizar estos días de pueblo en donde normalmente los momentos suelen pasar más despacio que de normal y las horas son más soporíferas que en la ciudad. Ahora mismo, son días de descanso dejando la ciudad a un lado y procurando que sean dos o tres semanas en lugar de una porque cuanto más tardemos en regresar a la capital más alargaremos el verano antes de que llegue septiembre. Escribo estas líneas a 27 de agosto desde Barásoain, que fue donde empecé a redactar los artículos para el septiembre del año pasado. Y así como hoy me ha venido la inspiración mientras vemos- más bien está de fondo- los últimos kilómetros de una soporífera Vuelta que terminará el domingo de la semana que viene en Santiago, también he pasado siete días en Carcastillo en los que tan solo he tenido la capacidad de escribir un par de líneas a cerca de las charlas al fresco. Dice la periodista Laila Jiménez que noséq...