Hablemos de... (VI)
Cuando vives lo suficiente y escribes lo suficiente, y pasan los años- y lo creáis o no, yo ya escribía mis cositas (algunas de ellas incluso publicadas en revistas de corte nacional) antes de Tras el valle de Aranaz -, hay un rincón del lugar de trabajo o de la biblioteca, un cajón, carpeta o archivador donde con el tiempo se van acumulando páginas escritas y nunca publicadas: novelas que empezaste y por diversas razones se quedaron a medio camino. Relatos que acabaron truncándose, historias inacabadas que a veces no pasaron de unas pocas páginas. Todos los novelistas veteranos, o muchos de ellos, suelen tener ese cajón real o simbólico. Y aunque no se me pueda considerar escritor, algo de cierto hay relacionado conmigo. Dentro de mi ficticio cajón hay cuatro o cinco historias empezadas y nunca escritas del todo: amagos de novelas que derivaron en canciones, alguna que otra carta que yo creo que me harán sacar a la luz en el último programa y alguna que otra tontería que han ac...